El Virrey Luis de Velasco en el siglo XVI, durante la época Colonial, ordenó crear “un paseo para darle belleza a la ciudad y que fuera lugar de recreo de sus habitantes”.

El nombre de Alameda, dio lugar debido a la gran cantidad de Álamos que se sembraron al límite de las actuales avenidas Hidalgo y Juárez que más tarde se sustituyeron por sauces y fresnos. Después de una periodo de decadencia y descuido. Felipe V solicitó que se construyeran varias fuentes así como la siembra de nuevos árboles.

Durante el Segundo Imperio, la Alameda fue uno de los lugares favoritos de la emperatriz Carlota, esposa del emperador de México Maximiliano de Habsburgo.

La emperatriz mando sembrar gran cantidad de rosas y donó la fuente de “Venus conducida por céfiros” obra del escultor Mathurin Moreau. Porfirio Díaz, mandó construir el Palacio de Bellas Artes así como el Hemiciclo a Juárez, en el lugar donde se encontraba el Kiosco Morisco, mismo que fue trasladado en 1909 a la Colonia Santa María la Ribera.

Actualmente la Alameda luce fantásticos pisos de mármol con los jardines y jardineras reforestados. Mientras que por la noche se goza de una nueva iluminación en los corredores y fuentes.

Existen ocho esculturas y fuentes emblemáticas de la Alameda conocidas como: Las Américas, las Danaides, Neptuno, las Ninfas 1 y 2, Mercurio, la Primavera y Venus, correspondientes a la segunda mitad del siglo XIX.

Adicionalmente fueron colocadas cuatro nuevas fuentes en cada esquina del la Alameda con iluminación LED de colores y chorros de agua de hasta 20 metros de altura. Al oriente se encuentra el monumento a Beethoven, obra del escultor Oldembech, que muestra una máscara mortuoria del célebre músico, hecha en bronce negro. Fue un obsequio de la colonia alemana en 1921.

El Hemiciclo a Juárez, recuperó la blancura original así como los ornamentos de oro y bronce, luciendo casi igual que hace 100 años cuando el Presidente Porfirio Díaz lo inauguró.

No podemos dejar atrás el mural de Diego Rivera ubicada en la calle Doctor Mora “Sueño de una tarde dominical en la Alameda”, se trata de una replica en menor escala a la original